San Nicolás Tetitzintla (1a parte)

Esta comunidad se ubica al norte del centro de la ciudad de Tehuacán aproximadamente a 2 kilómetros. El significado de su nombre es “lugar donde abundan las piedrecitas”, y colinda al norte con Santiago Miahuatlán, al sur con la zona centro de la ciudad, al oriente con San Pedro Acoquiaco en la parte del Ejido de Tula y al poniente con San Lorenzo Teotipilco.

La evolución que ha tenido en muchos aspectos esta Junta Auxiliar es representativa de lo que ha ocurrido no sólo en Tehuacán ni en nuestro estado de Puebla, sino a nivel nacional:

Durante el período postrevolucionario una parte muy considerable de los terrenos de cultivo de la Hacienda Grande de San Lorenzo porpiedad de Don Alberto Díaz Ceballos se repartió entre trabajadores que vivían en este lugar, se formó el pueblo y el núcleo ejidal y aunque las tierras eran secas, el agua de las galerías filtrantes subterráneas como la de Alhuelican y el Agua del Potrero dieron la humedad y el riego necesario ara que durante décadas los campos fueran productivos y hubiera una cosecha abundante de verduras y flores que eran vendidas en el centro de Tehuacán, prosperaron innumerables huertos donde las granadas, higos, aguacates y membrillos se daban muy bien.

La explosión demográfica fue necesitando más espacios para casas y al modificarse la Ley Agraria que permitió vender los terrenos de cultivo, los asentamientos humanos fueron creciendo al grado tal que hoy existen 22 colonias que han hecho desaparecer la tierra cultivable. Solamente está sin utilizar para este fin la zona cerril, una franja de aproximadamente 400 hectáreas no adecuadas para cultivo que ha sido repartida a los ejidatarios, y que dentro de poco tiempo seguramente será vendida y colonizada.

A mediados del siglo pasado la Embotelladora “Peñafiel” dio trabajo y sustento a miles de personas y no se sintió la falta de productividad en el campo porque el movimiento económico no se detuvo.

Los ejidos se abandonaron y hoy que la demanda de mano de obra industrial ha disminuido, es un triste espectáculo volver los ojos al campo seco, a las aguas que han bajado tanto en sus mantos freáticos que son casi inexistentes o han sido entubadas para proporcionar agua potable, no hay producción de alimentos y las nuevas generaciones que han podido estudiar, frecuentemente tienen que emigrar al país del norte porque no encuentran una colocación que les de lo necesario para vivir.

Textos: Guadalupe Martínez Galindo
Fotografía: ixtelotliyolcan
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10 Comentarios a “San Nicolás Tetitzintla (1a parte)”

  1. QUE HORARIO ES EN EL REGISTRO SIVIL

  2. bueno pues mexico es hermoso y por eso voy pero ya hablando de tehuacan la verdd bellisimo chiapas jaja

  3. bueno pues ya soy yanet los invito a conocer san nicolas tetitzintla gasias

  4. Cruz López Lun 24. ene, 2012 at 23:24

    Gracias por escribir algo de mi pueblo, sin embargo es muy importante hacer notar las tradiciones de esta junta auxiliar y de lo mistico de sus galerias de aguas filtrantes, yo soy de los fundadores del Comité Técnico de Aguas Subterranes del Acuifero del Valle de Tehuacán.

    Mis saludos y agradecimiento para Usted.

    Cruz López Luna

  5. hola yo soy diana y voy en la escuela primaria liberacion y ami me gusta tehuacan porque soy de aqui y es muy bonito y ami me gustaria que binieran a visitar todos los mexicanistas bueno yo soy diana y me dio gusto conocerlos

  6. yo soy diego conque soy de michoacan pero e benido a bisitar tehuacan y es muy bonito

  7. hola soy laura me gusta tehuacan porque yo soy de aqui y me gustaria que binieran a bisitar

  8. PUES QUE BONITO ES SABER MAS DE LA HISTORIA DE SAN NICOLAS TETITZ INTLA

  9. luis hernandez montalvo 02. jun, 2010 at 21:44

    LOS FRANCISCANOS SEGLARES DE TEHUACAN EN 1961.

    LUIS HERNANDEZ MONTALVO

    En los últimos días del mes de septiembre de l961, si mi memoria no me traiciona y mis cálculos no me fallan, las distintas células de laicos de la Tercera Orden Franciscana en Tehuacan afinaban los preparativos para la realización de una gran procesión en los días previos a la celebración de las fiestas de San Francisco de Asís en la iglesia del ex convento del S. XVI.

    En aquellos días, la influencia del clero diocesano era muy relativa en comparación con las iniciativas de los laicos o religiosos seglares que sin profesar el sacerdocio, realizaban una importante labor de catequesis y de difusión del evangelio, intentaban imitar la vida de pobreza y piadosa del santo que buscó regresar a la iglesia a su origen evangélico para que se preocupara más por los hombres y mujeres que sufrían la humillación de la pobreza, en lugar del interés de acumular poder y riqueza. Recuerdo que muchos laicos franciscanos dedicaban su mayor tiempo a los trabajos de la iglesia con grupos de niños, con personas adultas en las colonias y era común verles en las vecindades y en las plazas públicas. En 1961 se pretendía movilizar a más de 15 mil personas de aproximadamente 30 mil que según mi memoria tenía, por aquellos días la ciudad de Tehuacan.

    El último viernes de cada mes, los niños franciscanos, también llamados heraldos, asistían a una misa especial por la mañana, pero aquel día los niños se quedaron más tiempo del usual para preparar un número importante de “cruces reforzadas”, o cruces de los cuatro evangelios, me dice una hermana clarisa, emblema de los franciscanos, cruzando un cordón para convertir las cruces en pendones que encabezarían a las distintas congregaciones religiosas de franciscanos, otro tanto lo harían los estandartes y las esculturas de las imágenes de los santos fundadores de órdenes religiosas que, por primera vez en varios siglos, habían sido bajados del retablo mayor para acompañar a los peregrinos, que con escapulario y cordón al cinto, iniciarían un recorrido desde la casa particular localizada en la calle de Héroes de la Independencia número 23, hasta el ex convento. A unos pasos de mi casa, se encontraban los emblemas de los franciscanos y desde una pequeña ventana se podían ver los objetos de culto religioso que identificaban a la comunidad franciscana seglar, pero sobre todo, la cruz reforzada que enarbolarían los niños del barrio.

    Por aquellos días las noticias eran muy difusas y los acontecimientos eran vistos con fatalidad, había una visión apocalíptica de la vida que alcanzaba a la iglesia. Eran los días del papado de Juan XXIII, se hablaba de su carácter reformador y la gente se angustiaba por su enfermedad, otros se escandalizaban por haber recibido en audiencia personal a los familiares del presidente ruso y su sonrisa no podía ocultar su preocupación por el conflicto entre la URSS y los Estados Unidos en la llamada guerra de los misiles. El papa se refugia en su capilla y llama al mundo a orar por la paz, entre tanto se da a conocer su doctrina social en la encíclica Mater et Magistra y posteriormente su doctrina sociopolítica PACEM IN TERRIS y se inician los preparativos para convocar al Concilio Vaticano II, de donde vendrían las reformas litúrgicas, la misa en lengua vernácula y la oración de los padres de la iglesia de cara a los fieles, pero sobre todo porque entrega la promesa de una iglesia comprometida con la liberación de los pobres del mundo. Los niños y los viejos teníamos temor a la guerra y la iglesia nos daba cierta tranquilidad.

    El mundo estaba en movimiento, los negros de Estados Unidos reclaman su derecho a la misma escuela donde asisten los blancos .Se construye el liderazgo de Martín Luter k, y se hacen efectivos los derechos humanos en el país del norte. En México las luchas campesinas se desarrollan y enfrentan el autoritarismo del Estado. La lucha sindical independiente se manifiesta de varias maneras y los médicos ganan la calle junto con los profesores de la Sección IX del SNTE, encabezados por el profesor Othón Salazar Ramírez. Los profesores y el sindicalismo independiente dan lecciones de civilidad desde los patios de la SEP en México. Los hombres de overol hacen temblar los rieles del ferrocarril y la patria recuerda que la democracia es una materia pendiente que debe resolver. En Puebla los universitarios y los lecheros toman su paso y su lugar en la lucha.

    La iniciativa de los franciscanos de salir a la calle con las imágenes veneradas por varias generaciones, provocó una reacción inmediata de los gobiernos local y federal que prohibieron todo acto de manifestación pública de carácter religioso. Como reguero de pólvora corrió la noticia y la indignación, desde la iglesia salían voces de incertidumbre y un sentimiento de solidaridad se fue desarrollando por las calles y el mercado municipal, en cada casa y sitio de reunión de los franciscanos y se escucharon voces para desobedecer y entonces el padre Antonio, párroco diocesano de la iglesia, llamó a la prudencia y a esperar mejores tiempos.

    La desmovilización dejó un sentimiento de frustración, pero también de coraje que fue a gravitar en oposición partidista, en las filas del Partido Acción Nacional, unos, otros, en el Partido Comunista Mexicano.

    Para los adultos les dejó aprendizajes nuevos y a los niños la mejor enseñanza en la toma de decisiones en nuestra vida posterior de ciudadanos libres. De esta manera, un acto religioso prohibido, fue un detonante de participación ciudadana que por su carácter local y por la falta de registros escritos, se pierde en el tiempo la contribución de religiosos laicos, iglesia viva suplantada por una iglesia jerárquica, insensible que hizo causa común con los poderosos de Tehuacan, principalmente con los dueños de la industria avícola. En la década de los sesenta Tehuacan se modernizaba y el papa Paulo
    VI enviaba a un príncipe a darse vida de rey, a pesar de la palabra y la utopía evangélica que lo anunciaba:

    “Señor, que te ame, te vea y te sirva en mis hermanos”. Cuarenta y seis años después, los laicos franciscanos en Tehuacan son una pálida expresión de nuestra iglesia, paradójicamente negada por obispos como don Rafael Ayala o como Norberto y su seminario, semillero de sacerdotes. A esta iglesia al parecer, le han robado sus vasos sagrados y ornamentos de otros tiempos, celosamente guardados por los fieles seguidores del seráfico Francisco de Asís, quienes cantan con alegría: “Fieles hermanos, a Francisco seguid. / ¡Honor y bendición al Padre amante! / ¡Honor y bendición al Serafín!” “Paz y Bien”.

    *Profesor del Bachillerato General Matutino del BINE.
    Comentarios a hernandez_luis 21@yahoo.com.mx

  10. luis hernandez montalvo 02. jun, 2010 at 21:24

    El laurel de la India y nuestra infancia.

    Luis Hernández Montalvo

    Entre los años de 1957- 1958, en una tarde de verano, abandoné la tutela de doña Margarita Valerio y desprendiéndome de las manos de mi abuela, di los primeros pasos fuera del hogar paterno. Vestido con un pantalón de “peto” y sus tirantes, dirigí mis pasos a donde jugaban un grupo de niños un poco más grandes. Me acerqué en silencio, sin pronunciar una sola palabra, con timidez y con miedo.

    En aquella tarde, los vecinos habían regado la calle con agua de un canal de riego que pasaba por el frente de la casa localizada en el número treinta y tres de la calle Héroes de la Independencia. El olor a tierra húmeda acentuaba la frescura de la tarde. El grito de los niños y el revuelo de las urracas en la copa del laurel de la India, me dejaron muy impresionado.

    Desde entonces este árbol frondoso se convirtió en un punto de reunión muy importante. Aquí conocí a mis primeros amigos, desde la puerta de la casa, mi abuela vigilaba y saludaba a las personas en una lengua extraña. Cuando por alguna razón no era posible jugar con mis amigos, entonces mi abuela me contaba historias. Medio siglo antes, don Anselmo Montiel, uno de los primeros habitantes de la colonia Guadalupe y abuelo materno, sembró este magnífico árbol, hoy seriamente amenazado por una especie de cáncer de tallo. Estas son malas noticias y hago votos porque las autoridades pongan todo su empeño en el rescate de estos árboles, que son una tradición en medio de un paisaje semidesértico del Valle de Tehuacan.

    Desde la camaradería y la fraternidad, Sergio, Rubén, Memo y Jorge vigilábamos el horizonte y soñábamos con caminar por las montañas y atravesar los ríos en una batea de madera, donde mi madre lavaba la ropa. Los adultos conocieron nuestros planes pero nunca creyeron que fuéramos capaces de hacer algo semejante.

    Con Sergio nos nació un sentimiento de compasión por los mezquites que entonces proliferaban en la calle, los cuidábamos, les quitábamos la hierba y los regábamos con agua para que pudieran desarrollarse. En 1960 ingresé a la escuela primaria Club Rotario, pero el fin de semana nuevamente nos reuníamos frente al laurel de la India, para disfrutar de los distintos juegos tradicionales. Desde este lugar planeábamos nuestras escapadas por los campos del “zotolín”.

    Más tarde, Rubén ingresó a la secundaria y una noche nos propuso dinamitar lo que considerábamos una de las entradas del túnel del convento del Calvario. En realidad se trataba de una bomba molotov diseñada en el laboratorio de la secundaria. Aquella noche fue crucial, la mecha de la bomba estaba húmeda y cuando explotó, vidrios y postas se incrustaron en el rostro de alguno de nosotros, entonces mi madre los curó con alcohol. En esta tierna edad, fueron varias las historias inventadas e imaginadas en torno a los muros ruinosos del convento al que llegamos a escalar sus cúpulas. Este árbol fue nuestro confidente, nuestro compañero y amigo.

    Más tarde por 1963, se construyó el drenaje y el rostro de la muerte apareció en ollas de barro, solo momentáneamente, pues al romperse las ollas, los huesos desaparecían en medio del polvo. Justo frente al número treinta y tres, especulábamos que en otro tiempo existió un panteón. Y en el patio de la casa, las figurillas de piedra y arcilla eran comunes y esto servía de pretexto a mi abuela para contarme las historias de Tehuacan viejo, sus creencias sobre la muerte y su visión religiosa sinarquista.

    Mi abuela fue un puente cultural con las creencias, costumbres y gustos del siglo XIX y cuando me interesé aprender a hablar su lengua, mi madre se lo prohibió, lo que no pudo impedir, fue mi acercamiento a la iglesia desde los cinco años y a los seis, yo ya llevaba con mucho respeto y orgullo el cordón de San Francisco de Asís.

    Desde pequeño aprendí a ser tolerante con mis amigos que profesaban su fe en la Iglesia Evangélica Bautista y el veinticinco de diciembre compartíamos los aguinaldos de distinto origen religioso y confieso no haber envidiado nunca los juguetes de mis amigos. Siempre compartieron con migo sus triciclos y bicicletas. Fueron otros tiempos, otros aires y otros polvos que al caminar por la calle con los pies descalzos, se enterraban en el polvo, dando una sensación de frescura, pero también en 1963 se pavimentó la calzada Guadalupe y el barrio adquirió rostro de urbanidad, se colocaron banquetas y alumbrado público, las granjas de don Ceferino Romero se transformaron en un referente económico muy importante y un día emigramos para otro lugar, dejando un gran vació en nuestro interior.

    Es probable que la desaparición de los árboles de nuestra ciudad se deba a un fenómeno natural, que pudo ser evitado, pero en los últimos cincuenta años Tehuacan dejó de ser la ciudad de las granadas, las huertas fueron destruidas los membrillos son frutas que ya no conocen las nuevas generaciones, la urbanización ha destruido otras especias de hierbas silvestres que crecían a orillas de los caminos como las maravillas y las margaritas o las amapolas, oasis como San Pedro Acoquiaco, descrito por don Justo Sierra en 1855 ya no existen, huertos y campos de cultivo fueron sustituidos por modernos centros comerciales y habitacionales y los migrantes de Centro América y del sur del país han transformado radicalmente costumbres y prácticas urbanas.

    Hay menos producción de alimentos pero se han multiplicado las bocas que reclaman alimentos o como decían en mis tiempos, demandan casa, vestido y sustento, cada vez más escaso y caro ¿Dónde quedaron los trigales y la feria de las espigas de esta noble ciudad de indios? ¿Y los campos roturados de cebada? ¿Y los maizales en ese verde infinito al sur del rancho de los Pesqueira? Nada queda, solo destrucción y una ambición infinita con rostro y olor a muerte.

    Correo electrónico: hernandez_luis21@yahoo.com.mx

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